Por un puñado de (mili)bares

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Photo CC by  Lettuce1
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Los vientos invernales soplaban gélidos en los bosques de Nueva Inglaterra. Las fuerzas de los agresores se alineaban frente al santuario. Por dos veces habían intentado el asalto a aquellas tierras y otras tantas habían sido derrotados sin compasión. Pero aquella vez sería distinta, el rival era de sobra conocido y la moral estaba intacta. Ya casi acariciaban con las manos la última batalla, aquella para la que llevaban preparándose toda la vida.

Los 53 de Indianapolis, nombre con el que se les conocía, sabían que dentro se encontrarían a las fuerzas del mal lideradas por el maestro Belichick y por el mariscal Brady: “están viejos” decía un linebacker a un asustado cornerback. “Sus tiempos de gloria son pasado” murmuraba incesantemente un joven receptor en una suerte de mantra demencial.

En el interior del sancta sanctorum, una silenciosa figura avanzaba por uno de los pasillos inferiores. Todo aquel con el que se cruzaba no osaba mirarle, rehuían su mirada pues sabían que aquel ser poseía el don de capturar las almas de los miserables. La criatura giró en uno de los muchos recodos de aquel laberinto y se detuvo frente a una puerta sellada con pesadas láminas de plomo. Introdujo una llave negra en la ranura, consultó su reloj, aguardó unos pocos segundos y, justo en el instante exacto, giró la llave.

En ese mismo momento, otros dos seres abisales hicieron lo propio en otras dos puertas que daban acceso a la mazmorra. Cuando las puertas se cerraron y los tres estuvieron rodeados de penumbra, sacaron el grimorio prohibido y la reliquia ancestral y comenzaron a recitar las frases malditas.

Entre tanto, el maestro Belichick se reunía con sus tropas antes de la batalla. Las órdenes estaban claras: debían abandonar el ataque aéreo y centrarse en la guerra de trincheras. Poco importaba lo que hiciera el rival. Sabían perfectamente que la línea defensiva no podría contener el ímpetu de sus tanques y sus exploradores. Les había servido en el pasado y no veía por qué no iba a servirles una vez más. Miró por encima de sus colosos y echó en falta a uno de ellos. El mariscal Brady no estaba por ninguna parte. Era raro en él, su más fiel y letal guerrero siempre era el primero en comparecer antes de la contienda. Habían pasado mucho en los 15 años que habían batallado codo con codo y nunca, ni siquiera una sola vez, había dudado de su valía.

En otro lugar de la fortaleza, los adoradores de la herradura, enfundados en su traje de batalla blanco, poco se imaginaban que iban a ser víctimas de una terrible maldición. El ejército patriota, reconocido por aprovechar cada resquicio en las normas de buena conducta, no podría ser capaz de vender su alma al diablo, otra vez, en su camino hacia la victoria.

Instantes antes de que el vicario de batalla entrara en la sala de armas, el mariscal Brady hizo acto de presencia. Belichick le miró de reojo y Brady no pudo sino bajar la mirada al suelo. Estaba luchando para que el maestro le devolviera su alma y no podía permitirse ningún signo de debilidad que le incriminara. El rezo terminó, los guerreros se pusieron los cascos y salieron a enfrentarse a sus terrores.

Ambos ejércitos saltaron al campo de batalla. Los lugareños vistiendo su clásica armadura azul y gris, y los foráneos, ignorantes de lo que se les avecinaba, vistiendo el blanco de los sacrificios.

La batalla comenzó y terminó en segundos. Los locales, sabedores de la debilidad rival y de las condiciones del viento, centraron sus esfuerzos en la lucha terrestre y no pararon de destrozar a la frágil línea defensiva una y otra vez.

El mariscal Brady era un mero espectador de los hechos. En un momento en el que los visitantes trataban de hacerse con el control del terreno, Brady dirigió sus ojos a los túneles, allí donde el mal anidaba. Con un gesto de horror comprendió que había vendido lo que le quedaba de alma cuando menos falta hacía. La batalla estaba ganada de antemano. Ni todas las maldiciones del inframundo habrían hecho que los patriotas perdieran aquella lucha. Había sacrificado sus últimos signos de cordura por nada. Miró el marcador, la ventaja era insalvable y aún quedaban muchos minutos por delante. “Solo ha sido una maldición suave, no tiene por qué pasar nada. Nadie tiene por qué habernos visto”

Lamentablemente, hubo uno que sí que osó mirar a una de las criaturas en su largo deambular por las catacumbas. Uno que no tuvo miedo de desafiar a la muerte con tal de mantener la santidad del juego. Después de la contienda, la palabra fue propagada y alcanzó todos los rincones de la tierra. Alguien había usado la maldición del aire y debía saberse quién había recitado las palabras.

Sabios llegados de distintos puntos del orbe, iniciaron una investigación para saber qué había ocurrido en Foxborough en aquella fecha infame. Después de meses de pesquisas, se concluyó que era muy probable que entre los tres malditos estuviera el mariscal. La maldición había sido poco menos que una niñería, pero habían transgredido las normas de buena conducta. La batalla habría sido vencida de todas formas, el ejército de la herradura no fue rival sino sacrificio. Los patriotas demostraron días después y, en terreno controlado por magos de alto poder, que eran el ejército más poderoso que la tierra hubiera visto. Pensaron que todo sería olvidado, pero los sabios no cejaron en su empeño hasta alcanzar la respuesta al misterio.

El mariscal Brady espera ahora a ser juzgado por sus pecados. No está claro que pena caerá sobre él. La cuarta corona parece cosa de un pasado distante. Cuando todo haya pasado, no hay duda de que todo quedará en anécdota y que siempre se recordarán sus triunfos. No obstante, siempre habrá una sombra que planee sobre su legado. Esa que se originó un infame día de principios del año del Señor de 2015, cuando vendió su último hálito de santidad cuando menos falta hacía. Y todo por un puñado de (mili)bares.

One thought on “Por un puñado de (mili)bares”

  1. Bonita crónica de algo muy feo. Una mancha que no creo que se puedan quitar ni Brady ni Belichick… Ayer tanto Brady como los Pats fueron TT en twiter por este tema…

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