Sweetness

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Entrada publicada el domingo 11 de Mayo de 2014 en el blog Zona Roja del diario as

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Hace poco tiempo que sigo la NFL. Comencé a medio interesarme por ella hará unos siete años, todavía no se muy bien por qué, y fui dejando que la semilla germinara a su ritmo; sin estrés ni obligación. Un año seguía un poco los resultados de los playoffs, al siguiente estaba despistado y ,cuando quería darme cuenta, ya estaban poniendo las dos noticias de rigor sobre la Super Bowl, y en las que parece más importante quién canta en el descanso que los equipos que acontecen en el emparrillado.

Y así, en un lento fluir del tiempo y del espacio, me fui interesando más y más, hasta que hace dos años contraté el famoso Game Pass y la cosa se salió de madre: guascas a mansalva, partidos trepidantes y emoción a raudales. Pero algo terrible ocurrió: la llegada de la off season y el comienzo de la temible travesía por el desierto de la vida sin football.

Una vez llegado a este punto, era tal la adicción, que no bastaba con las noticias sobre jugadores detenidos en controles de tráfico y rumorologías sobre que si cambiamos el nombre a los Redskins o que si la próxima franquicia van a ser los London Beefeaters o los Los Ángeles Rivers. No. Llegado a este punto terminal, necesitas más. Y mientras que en el presente no ocurre nada, y para el futuro no estamos preparados, qué mejor solución, que volver la vista al pasado. Así que comencé a ver los vídeos de las infinitas listas que tanto les gusta a las personas de la NFL: que si top 10 mitos del football, top 100 de los mejores jugadores de todos los tiempos (como se les llena la boca con ese término), top 50 de pelos más bonitos, top 17 de tattoos más estrafalarios … y así un largo etcétera.

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En esas cosas seguía cuando me topé con un individuo que me llamó la atención: un tal Walter Payton. A esas alturas ya conocía a alguno de los más grandes: Barry Sanders, Marino, Montana, Jerry Rice o Jim Brown, pero Walter apareció como un desconocido más en el horizonte histórico del football.

El caso es que a Walter lo encontré de repente. Sin avisar. Parafraseando a Gollum en El Señor de los Anillos, “Él vino a mi”. El primer video que vi, fue el del top 100 mejores jugadores de la historia, como no podía ser de otro modo, en el que el señor Payton ocupa el quinto lugar, el cuarto entre los atacantes (Lawrence Taylor se cuela en el top 3 siendo defensa) y el segundo mejor running back, sólo aventajado por Jim Brown. El vídeo, que apenas dura unos 4 minutos, muestra de manera resumida alguna de las grandes jugadas de su carrera y no deja de ser una oda al héroe caído. Pero lo que más llama la atención, a mi por lo menos, es la colina.

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La colina de Walter Payton es, como su propio nombre indica, una colina en ninguna parte, que ahora es parte de un campo de golf, que el bueno de Walter se dedicaba a subir, una y otra vez, buscando los límites de su físico. Una suerte de nemésis a la que tuviera que batir día tras día en pos de la superación. Porque Walter Payton, alias Sweetness (dulzura), no fue el más rápido, ni el más fuerte, ni el más ágil que haya pisado un terreno de football. Pero seguramente sea el que ha jugado con más corazón. Como él mismo dice en su biografía “Never die easy”, – yo siempre jugaba al máximo, porque quería que toda la gente que había pagado mucho dinero para verme jugar, saliera del estadio pudiendo decir que había visto a Walter Payton dejándose la piel en todos y cada uno de los snaps.

Como ejemplo de esto, podemos hablar del partido de la fiebre. El 20 de Noviembre de 1977, un febril Walter Payton (más de 38º de temperatura corporal), batió frente a los Vikings el récord histórico de yardas en un partido, en poder de OJ Simpson hasta ese momento, dejándolo en 275. Marca que seguiría en vigor durante 23 años.

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No quiero extenderme demasiado, ahí están sus vídeos y todas sus estadísticas. Tan solo quiero rendirle un pequeño tributo y que todas aquellas personas que nunca hayan oído hablar de él, sepan de su existencia. Sí me gustaría destacar unas cuantas estadísticas para saber de quién estamos hablando: 2º de la historia en yardas totales de carrera (16726), más partidos con más de 100 yardas desde scrimmage (108), más temporadas con más de 1500 yardas desde scrimmage (10), más temporadas con más de 2000 yardas desde scrimmage (4), más partidos seguidos jugados por un running back (170). Podría seguir un rato más, pero creo que es una buena tarjeta de presentación.

Una de las cosas que puede llamar la atención, además de ser el segundo que más yardas de carrera ha ganado en toda la historia, es el que solo se perdiera un partido durante toda su carrera. Fue en su año de rookie y por decisión técnica. Un jugador con un físico privilegiado y que nunca huía del choque. Que el defensor fuera el que tuviera miedo de volver a ponerse en su camino.

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Otra cosa llamativa, son los 8 touchdowns de pase que consiguió. Walter Payton está considerado uno de los jugadores más completos que haya jugado en la NFL. Era bueno en prácticamente todas las facetas del juego: carrera, recepción, placajes, pases e incluso en lanzamientos con el pie, o eso dicen. Mike Ditka, su entrenador durante los años más gloriosos de su carrera en Chicago, dijo sobre él que más de una vez llegaron a utilizarlo de quarterback con todas las garantías de que hiciera un buen papel.

Un jugador único, y de una calidad humana excepcional. Se cuenta de él que no le importaba estar horas firmando autógrafos mientras quedaran aficionados esperando. Hay una anécdota que da buena prueba de ello: durante una firma de autógrafos en Chicago, Walter vio a una señora mayor que estaba en la cola, y que se marchó llorando porque estaba demasiado lejos y no le daba tiempo a llegar al puesto de firmas. Walter se acercó a una persona de su grupo, y le pidió que siguiera a la señora y que se enterara de a dónde iba. Un par de horas después, Walter Payton entró en la cafetería en la que ella se encontraba. Se sentó en su mesa, estuvieron hablando largo y tendido y le firmó dos balones para sus nietos.

En los años 80, en Chicago, se juntaron dos de los jugadores más especiales de la historia del deporte mundial: Walter Payton y Michael Jordan. De Michael Jordan poco hay que decir; seguramente el mejor jugador de baloncesto de la historia. Pero según se cuenta, era tan superior, que parecía un ser mitológico e inalcanzable. Por contra, Walter Payton, siendo el gran jugador que era, siempre fue considerado como uno más en la ciudad. Una ciudad, Chicago, de clima e ideología muy diferente a la de su Mississipi natal, pero a la que llegó con la idea de hacerla su hogar, y al que los habitantes de Chicago acogieron considerándolo uno más de ellos.

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El 1 de Noviembre de este año, día de Todos los Santos, se cumplen 15 años del fallecimiento del running back eterno. Seguro que ese día su colina amanecerá solitaria, pero los ecos de sus pisadas resonarán en el viento una vez más, recordando que durante un instante en la historia, en ese lugar, un hombre de Columbia, Mississipi, sentó las bases de su camino a la inmortalidad.

2 thoughts on “Sweetness”

  1. Macho Javi estás “on fire”, vaya pedazo de artículo que te ha salido. La verdad que de jugadores antiguos conozco muy poco (o nada), puesto que sólo sigo la liga durante 14 años y en la candena donde los veo simplemente televisan las temporadas.

    Me ha gustado mucho, no me extraña que te lo hayan publicado, sobre todo la parte que cuentas sobre cómo era en los entrenamientos y fuera del campo… grande dentro y fuera.

    Eterno Walter Payton.

  2. Gracias hombre, me alegro de que te haya gustado. Llevaba mucho tiempo pensando en escribir una entrada sobre Walter Payton, y mira, al final ha llegado jejeje. Quizá otro día me lanzó y escribo otra sobre algún otro jugador clásico.

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